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Lunes 26 Junio 2017
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¿Por qué Harvard eliminó a los lácteos de su lista de “alimentos sanos”?

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Las personas adultas no necesitan consumir leche; no existe evidencia de que mejore la salud de los huesos y, además, la mayoría de la gente en el mundo es intolerante a la lactosa

Los gobiernos, con ayuda de los científicos, diseñan pirámides de alimentos recomendables y difunden esta información como una guía para la dieta de la población. En muchos casos, estas recomendaciones son obsoletas, basadas en creencias o en estudios que no han logrado mantenerse con el paso del tiempo; asimismo, muchas de estas recomendaciones científicas están comprometidas por conflictos de intereses, ya sea por el lobby de compañías de alimentos o por la participación de científicos con vínculos a compañías privadas que promueven ciertos alimentos y farmacéuticas que se benefician de cierto tipo de alimentación.

En Estados Unidos, la pirámide alimenticia oficial recomienda tres vasos de leche diarios. Seguir esta recomendación al pie de la letra, sin embargo, podrían tener consecuencias deletéreas para la salud. La pirámide alimenticia oficial basa su recomendación en la idea de que la leche es una importante fuente de calcio, potasio y vitamina D; esto principalmente para supuestamente mantener los huesos sanos. Sin embargo, un estudio científico con seguimiento de varios años realizado por investigadores de la Universidad de Harvard muestra que no existe relación entre el consumo de leche y un menor riesgo de fracturas de huesos. 

Según el Dr. David L. Katz, de la Universidad de Yale, “existe clara evidencia de que el consumo de lácteos no es esencial para un ser humano adulto. Poblaciones que toman mayormente agua, comen plantas, se ejercitan y reciben luz solar –una combinación en rápido declive– tienden a tener huesos y corazones más fuertes, menos cánceres, infartos y diabetes”. Pese a lo que nos ha hecho creer el marketing, poblaciones con menos consumo de leche que en Estados Unidos (pero mayor exposición al Sol) tienen menos índice de osteoporosis. Así que al parecer lo importante es recibir un poco de vitamina D del Sol y no de la leche, la cual es mejor absorbida. Asimismo, existen mejores fuentes de calcio (como la tortilla) y de potasio (como ciertas frutas) que la leche.

Walter Willett, nutriólogo del departamento de Salud Pública de Harvard, señala categóricamente que nuestros hábitos de consumo de leche son un riesgo para la salud. “Existe mucha información que apunta a que existe una correlación entre el cáncer de próstata y el alto consumo de leche. Y tenemos evidencia mixta que apunta a que tomar tres vasos de leche al día está asociado con el cáncer en los ovarios”. Willett añade también que no hay evidencia que sostenga que el consumo de leche ayude a mejorar la salud de los huesos. Por esto, desde hace un par de años, Harvard eliminó a los lácteos de la configuración de su pirámide de alimentos sanos.

Uno de los problemas que tiene el consumo masivo de leche tiene que ver con que la leche contiene lactosa. Para digerir este disacárido se debe de descomponer en partes más pequeñas, lo cual requiere de la enzima lactasa. Todos los mamíferos hacemos lactasa en la infancia pero, en la mayoría de los casos, después dejamos de producirla. Para algunas poblaciones humanas poder digerir lactosa evolucionó como una ventaja adaptativa, lo que hace que algunas etnias tengan en mayor medida está habilidad. Sin embargo, la mayoría de las poblaciones tiene cierta intolerancia a la lactosa.  

Algunas personas incluso hacen una lectura racista en torno al marketing cultural de la leche: una bebida blanca para la raza blanca. En Estados Unidos cifras muestran que más de 90% de los asiático-americanos, 74% de los nativoamericanos, 70% de los afroamericanos y 53% de los méxico-americanos son intolerantes a la lactosa, mientras que sólo 15% de las personas caucásicas lo son. Personas que tienen un intestino permeable (leaky gut) pueden sufrir de acidez, ardor, gases, inflazón, diarrea y otras reacciones (algunas de las cuales reaccionan en conjunto con el gluten) cuando toman leche (algo que, en un círculo vicioso, contribuye a su vez a tener un intestino permeable).

En realidad, los beneficios asociados a los lácteos tienen que ver con un arquetipo que podemos llamar oral-maternal (la leche nos remite como memoria corporal a la infancia y a la madre) y a las bacterias que contienen cuando han sido fermentados –no cuando están pasteurizados, algo que además impide que la misma leche contenga la enzima lactasa y ayude a digerirla. Sin embargo, las bacterias bacilo que contiene la leche (especialmente el yogurt), que contribuyen a la salud del microbioma humano, pueden ser obtenidas de otros alimentos fermentados o consumiendo probióticos. Como suelen decir: la leche de vaca es el alimento perfecto, pero sólo si eres un becerro

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