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Miércoles 26 Julio 2017
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El país latinoamericano que se convirtió en una empresa de cultivos transgénicos

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Por Santiago Mayor / RT

Desde hace 20 años que el país sudamericano produce cultivos transgénicos en beneficio de las empresas y desmedro de la población.

Un informe realizado por Inés Franceschelli titulado ‘A 20 años de los transgénicos: Agroganadera Paraguay SA’ y publicado recientemente da cuenta de cómo los cultivos genéticamente modificados se han introducido en el país sudamericano durante las últimas décadas. Asimismo pone de relieve la presión que han realizado sobre los distintos gobiernos empresas multinacionales como Monsanto, en articulación con los empresarios locales y los medios de comunicación.

El resultado ha sido un desplazamiento masivo de la producción y el modo de vida campesino, acompañado del deterioro ambiental que produce la deforestación y la fumigación.

¿Cómo ingresaron los transgénicos a Paraguay?

Franceschelli explica que en el año 1996 comenzó a cultivarse ilegalmente en territorio paraguayo la Soja RR producida por la empresa Monsanto y popularmente conocida en el país como “soja maradona”.

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Cuando en 2004 el gobierno del presidente Nicanor Duarte Frutos “legisló liberando este cultivo”, Paraguay ya tenía “más de un millón de hectáreas sembradas”, señaló la investigadora. Esto dio inicio a “un periodo de expulsión campesina, destrucción y contaminación ambiental, disminución de la producción de alimentos, enfermedad y muerte”.

Hasta el año 2012 la soja RR fue el único transgénico legal en el país. Un año antes el ministro de Agricultura, Enzo Cardozo, liberó ilegalmente la semilla de algodón transgénico Bollgard BT, también de Monsanto. Pero esta no fue aprobada por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), “por carecer de los dictámenes del Ministerio de Salud y de la Secretaría del Ambiente, tal como exige la legislación”.

El golpe de Estado y la consolidación de Paraguay S.A.

Debido a la prohibición de la Bollgard BT por la SENAVE, tanto Monsanto como la Unión de Gremios de Producción (UGP, que reúne a 15 cámaras empresarias), “arreciaron en una campaña de presión contra [el titular del organismo Miguel] Lovera a través del diario ABC Color”. No obstante, ante la negativa del gobierno del presidente Fernando Lugo de ceder a la presión la Coordinadora Agrícola del Paraguay y la UGP convocaron a un “tractorazo” con dos consignas claras: la destitución de Lovera y la liberación del algodón BT. La medida de fuerza estaba prevista para el 25 de junio de 2012.

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Sin embargo, apenas tres días antes se llevó a cabo el Golpe de Estado parlamentario contra Lugo por lo que la protesta se suspendió. No casualmente, la interrupción del gobierno constitucional de Lugo estuvo relacionada con la Masacre de Curuguaty. Una falsa acusación contra campesinos por ocupar tierras de un terrateniente ligado a la producción sojera que acabó con la vida de decenas de personas.

Franceschelli señala que el 20 de agosto de 2012, el nuevo gobierno, “transgrediendo leyes, tratados, y todo rigor técnico y científico”, autorizó “en forma excepcional, por Decreto, el uso comercial de por lo menos dos variedades de algodón genéticamente modificado que poseen genes apilados Bt y RR”.

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Desde entonces se han “liberado” una gran cantidad de semillas transgénicas: 2 de soja, 14 de maíz y 3 de algodón. En total existen 20 cultivos genéticamente modificados ‘legales’ en Paraguay.

El Estado controlado por las empresas

En el año 2007 se creó en el país el Consejo Asesor Agrario (CAA) dentro del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Este organismo solo está integrado por los empresarios y terratenientes de la UGP y los funcionarios del Ministerio. El informe explica que de esta forma se creó una instancia estratégica en “la que el principal aporte a la conducción de la política agraria nacional es la UGP”.

Los “logros” del CAA son varios. Entre los más recientes se puede contar la destitución de Regis Mereles al frente de la SENAVE. Mereles había impuesto mayores regulaciones desde el organismo autárquico de control, sin embargo esto disgustó a la UGP por lo que presionó para removerlo del cargo.

Su reemplazante, Alfredo Gryciuk, no sólo dio marcha atrás con las medidas regulatorias sino que impulsó otras medidas “a favor de las empresas del agronegocio y en contra de la producción de alimentos en manos campesinas, como la eliminación de la Dirección de Agricultura Orgánica del SENAVE, o la flexibilización de registros de asesores técnicos”.

Finalmente el informe recuerda que en Paraguay, el sector sojero hasta ahora resulta “vicorioso” ya que no existen impuestos a la exportación de granos mientras que a nivel regional se tributa alrededor del 35%.

El texto realiza una conclusión contundente: “Si Paraguay decidiera ser un país verdaderamente soberano, debería poder neutralizar el impune accionar de productores, agropexportadoras y gremios sojeros y ganaderos que, tras la renta de la biotecnología, tienen empeñado el territorio nacional, y cautiva a su población, víctima de su accionar tóxico”.

El peligro de los transgénicos

“La cuestión de los transgénicos arranca a mediados de la década del 90, fundamentalmente a partir de la soja”, explicó Tamara Perelmuter del Centro de Estudios para el Cambio Social (CECS) a RT.

“Es importante entender que los transgénicos se insertan en la marco de un modelo más general que es el del agronegocio”, añadió Perelmuter y analizó que esta “es la forma mediante la cual se insertó el neoliberalismo en el agro”.

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Según la docente de Sociología Rural en la Universidad de Buenos Aires (UBA), el uso de transgénicos trae “varias consecuencias en torno a lo ambiental, lo social, lo económico y lo político”. En el aspecto ambiental resalta el uso intensivo del glifosato. “La gracia de la soja transgénica tiene que ver con la aplicación del paquete biotecnológico. Este cultivo funciona porque viene asociado a un agroquímico que es el glifosato”, dijo.

“El glifosato produce aumentos de casos de cáncer, tiroidismo y otras enfermedades. Esto ha sido comprobado por estudios científicos que investigaron las denuncias de los pobladores”, afirmó.

Finalmente detalló que esto ha generado “la desaparición de pequeñas y medianas producciones” ya que la soja transgénica “implica una agricultura de tipo extensiva, por lo tanto las pequeñas producciones no pueden afrontar los gastos de la reconversión”. Es así como “muchos productores desaparecen porque tienen que arrendar o vender sus campos. En casos más extremos directamente desalojan comunidades indígenas o campesinas”, concluyó.

Santiago Mayor

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