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Lunes 16 enero 2017
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El interés de las farmacéuticas por controlar a los pacientes

Por Miguel Jara

Leo sobre la existencia de una denominada Academia Europea de Pacientes (EUPATI). Uno está tentado de pensar que será una iniciativa que ayude a las personas que padecen alguna enfermedad a moverse en el enmarañado y complicado sistema sanitario (tan plagado de obstáculos e intereses que lo contaminan). Pero no parece que sea así.

La iniciativa tiene por objetivo

profesionalizar y normalizar la inclusión de los pacientes en el proceso de investigación y ensayos clínicos de los nuevos medicamentos“.

Dichas intenciones también parecen loables, qué duda cabe. Pero tampoco parece que sea así. El proyecto cuenta con el patrocinio de la Federación Europea de Industrias Farmacéuticas y Asociaciones (EFPIA), el principal lobby de los laboratorios farmacéuticos en la Unión Europea.

La investigación científica es básica para comprender todo lo que la medicina hoy no comprende que es sin ir más lejos el origen y desarrollo de la mayor parte de las enfermedades.

La EFPIA considera la implicación de los pacientes en estos procesos

una gran transformación que requerirá, además del previo establecimiento de prioridades, involucrar a toda la sociedad hacia la mejora de la Salud Pública y la prevención”.

En la parte de abajo del todo de la página web de la iniciativa que comentamos puede leerse:

El proyecto EUPATI cuenta con el apoyo de la Unión Europea a través de la iniciativa IMI así como de las compañías farmacéuticas asociadas a EFPIA”.

Basta leer el primer enlace o cualquier noticia que mane de fuentes relacionadas con la oficialidad para entender que se ofrece una imagen positiva del concepto “pacientes” que poco tiene que ver con la realidad. Estar enfermo no mola, no es guay.

Cuando enfermamos nos ponemos impacientes más que convertirnos en “pacientes”, en sujetos pasivos que prestan su cuerpo a empresas que tienen como fin el lucro no la salud pública. Y podría combinarse ambas cosas pero por mi experiencia observo que no es así.

¿Qué busca la EFPIA con iniciativas como esta?

-Legitimación, hacer ver a la sociedad que investigación científica es igual a industria farmacéutica.

-Muestras para sus ensayos, personas que empujadas por la desesperación de estar enfermas, entren en un juego en el que quienes patrocinan las pruebas controlan todo.
Estamos, quién no lo está, a favor del empoderamiento de las personas enfermas, claro. Cuando perdemos la salud sólo nosotros podemos recuperarla. Pero necesitamos la ayuda de otros. Quizá el problema es elegir a los socios de viaje.

A mí me llama mucho la atención que iniciativas que en apariencia supongan un intento de empoderar a los pacientes cuenten con ayudas de las instituciones públicas y de las industrias cuando con las personas enfermas por fármacos, pacientes también, ocurre todo lo contrario.

He conocido a centenares de personas dañadas por medicamentos y productos sanitarios como el anticonceptivo Essure o la vacuna del virus del papiloma o el fármaco Agreal o Fosamax o dañadas por el mercurio de las amalgamas dentales o por fármacos antipsicóticos y otros tratamientos psiquiátricos o bebés cuyo fallecimiento apunta a una vacuna.

En prácticamente todos los casos, sufren el abandono de las instituciones y el negacionismo de las empresas responsables de los productos que resultaron dañinos.

Qué contraste entre los “pacientes” que se prestan a que se ensaye con ellos y los que en sus organismos han experimentado los cruentos resultados de la mal llamada “seguridad” de los productos médicos.

A los primeros se les anima, seduce, para que la industria de la experimentación médica (la mercantilización del cobayismo, podríamos escribir) no pare. A los segundos, como son la prueba viviente del fracaso de ese sistema, se les obvia.

Leo en la web de Eupati un apartado sobre Notificación de riesgos de fármacos. Leo que

Prácticamente todos los fármacos conllevan un nivel determinado de riesgo. En la mayoría de los casos, este riesgo puede ser insignificante, pero todos los riesgos identificados (por ejemplo, posibles acontecimientos adversos, interacciones) se especifican en el prospecto. Las autoridades sanitarias y los titulares de autorizaciones de comercialización están obligados a supervisar y mejorar todos los fármacos en uso. La «notificación de riesgos» forma parte de esta obligación”.

Lo cierto es que los riesgos no son insignificantes. Los sistemas sanitarios son hoy al tercera causa de muerte. En ocasiones, como por ejemplo ocurre con el grupo de fármacos bifosfonatos, advertencias de riesgos se han tardado más de dos años en plasmar en los prospectos y fichas técnicas y otras veces los daños producidos no estaban anunciados en esos documentos.

Y pese a que es verdad que es obligatorio notificar la reacciones adversas a los medicamentos, casi nadie lo hace, existe infranotificación de los daños por tratamientos médicos.

Y lo que es peor, en demasiadas ocasiones las autoridades sanitarias no investigan la multitud de notificaciones graves relacionadas con un medicamento, como ocurre con las 352 muertes relacionadas con la vacuna del papiloma que tiene en su poder la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

Si tramos sobre la importancia de la investigación médica también os puedo asegurar que en la misma se burlan las estrictas normas sobre seguridad de los “pacientes” que intervienen en ellas.

En el Bufete Almodóvar & Jara acabamos de poner una nueva demanda a Astrazeneca y a sus aseguradora por una muerte ocurrida en Mérida en un ensayo clínico sobre lupus, un caso que tiene ya su recorrido y que documenta bien el control de la información por parte de los promotores de la investigación científica mercantilizada.

He documentado y explicado en numerosas ocasiones que el proceso de investigación y desarrollo de terapias hoy está corrompiéndose.

Pienso que las iniciativas tendentes a cambiar ese estado de cosas deben profundizar en la transparencia de los procesos, en asegurar su utilidad, que los ensayos clínicos no sean meramente comerciales sino con una intención verdaderamente científica de adquisición de conocimiento.

Por tanto, la manera de intentar conseguirlo es que la investigación de base sea lo más pública posible (y con efectivo control democrático de la misma) y las consecuciones de la misma sigan siendo públicas, que no se vendan los proyectos cuando aparecen los primeros resultados positivos.

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