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domingo 24 septiembre 2017
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¿La degradación de la democracia hacia la tiranía es natural e inevitable?

Reflexión de Jeff Thomas en la web International Man, sobre cómo, inevitablemente, la democracia acaba degradándose hacia la tiranía, cuando las poblaciones actúan sumisamente ante los abusos del estado…


No es una idea agradable a tener en cuenta, pero es un hecho. En todos los casos, una democracia se deteriorará como resultado de que el electorado acepte la pérdida de libertad en a cambio de generosidad por parte de su gobierno. Este proceso puede derivar en fascismo, socialismo, comunismo o en toda una amplia canasta de “ismos”, pero la tiranía es el final inevitable de la democracia.

Como la destrucción de un castillo de arena por la marea entrante, requiere de tiempo para que se materialice, pero con el tiempo, la democracia, como el castillo de arena, será arrasada en su totalidad.

¿Por qué es así?

El concepto de gobierno es que la gente le otorga a un pequeño grupo de individuos la capacidad de establecer y mantener controles sobre ellos. El defecto inherente de tal concepto es que cualquier gobierno, invariablemente y continuamente expandirá sus controles, resultando en que la libertad de aquellos que le concedieron el poder, está cada vez más menoscabada.

Desgraciadamente, siempre habrá quien quiera gobernar, y siempre habrá una mayoría de votantes lo suficientemente complacientes e ingenuos como para permitir que sus libertades se eliminen lentamente. Este adverbio “lentamente” es la clave por la que se consigue la supresión de las libertades.

Recordemos el viejo adagio de “hervir una rana”, en que si se pone a una rana en una olla llena de agua caliente, la rana saltará y huirá, pero si el agua es tibia y la temperatura se eleva lentamente, se acostumbrará al cambio de temperatura y se dejará hervir inadvertidamente.

Veamos la evaluación que hizo Thomas Jefferson sobre esta técnica:

“Incluso bajo las mejores formas de gobierno, los que tienen el poder lo acaban perviritendo hacia la tiranía, con el tiempo y por medio de operaciones lentas”.

Jefferson era un verdadero visionario. Sabía, incluso mientras estaba redactando la Declaración de Independencia y partes de la Constitución norteamericana, que sus proclamaciones, aunque fueran aceptadas por sus compañeros fundadores, no durarían.

Recomendó que se repitieran las revoluciones populares para contrarrestar la inevitable tendencia de los dirigentes políticos a competir continuamente por la eliminación de las libertades de sus electores.

Al mismo tiempo que Jefferson realizaba el comentario anterior, Alexander Tytler, un economista e historiador escocés, comentó sobre el nuevo experimento estadounidense en democracia.

Se le atribuyen las siguientes reflexiones,

“Una democracia es siempre de naturaleza temporal; simplemente no puede existir como una forma permanente de gobierno. Una democracia seguirá existiendo hasta el momento en que los votantes descubran que pueden obtener votando generosos regalos del erario público. A partir de ese momento, la mayoría siempre vota por los candidatos que prometen más beneficios procedentes de la hacienda pública, con el resultado de que toda democracia se derrumbará finalmente debido a una política fiscal floja, que siempre va seguida de una dictadura”.

Entonces, ¿cada uno de los caballeros anteriormente mencionados disponía de una bola de cristal o simplemente acertaron de chiripa? La realidad es que no. Cada uno de ellos era un estudiante entusiasta de historia. Ambos sabían que el patrón, a finales del siglo XVIII, ya se había repetido una y otra vez. De hecho, ya en el siglo IV a. C. Platón citó a Sócrates diciéndole a Adeimantus,

“La tiranía surge naturalmente de la democracia, y la forma más agravada de tiranía y esclavitud proviene de la forma más extrema de libertad”.

Hoy en día, gran parte de lo que se llamó el “mundo libre” hace sólo medio siglo se ha deteriorado en una combinación de capitalismo residual, que ha sido en gran parte y cada vez más enterrado por el socialismo y el fascismo. (Debería mencionarse que la definición del “fascismo”, a menudo malinterpretada, es la fusión conjunta de las corporaciones y el estado, una condición que ahora está claramente establecida en gran parte del antiguo mundo “libre”).

Hoy en día, mucha gente percibe el fascismo como una condición tiránica que de repente es impuesta por un dictador, pero esto raramente ocurre. El fascismo es de hecho un paso lógico. Así como los votantes sucumben con el tiempo a las promesas del socialismo, así ocurre un declive paralelo a medida que el fascismo lentamente reemplaza al capitalismo. El fascismo puede parecer capitalismo, pero es la antítesis de un mercado libre.

Como Vladimir Lenin dijo acertadamente,

“El fascismo es el capitalismo en declive”.

El camarada Lenin comprendió el valor del fascismo para los líderes políticos. Aunque mantuvo una estrecha relación con los banqueros de Nueva York y Londres, y aprovechó un mercado capitalista saludable para las importaciones de la era soviética, sabía que su base de poder dependía en gran medida de negarñe el capitalismo a sus secuaces.

Así que, de las citas anteriores, podemos ver que ha habido un grupo bastante erudito de personas que han comentado sobre este tema en los últimos 2.500 años. Están de acuerdo en que las democracias, como los castillos de arena, nunca duran. Por lo general, comienzan de manera prometedora, pero, si se les da suficiente tiempo, cualquier gobierno erosionará la democracia tan rápido como los líderes políticos puedan ir haciéndolo saliendo impunes de sus fechorías, y la progresión siempre termina en tiranía.

Actualmente nos encontramos en una coyuntura histórica importante, un momento en el que gran parte del antiguo mundo libre se encuentra en las etapas finales de la decadencia y se acerca a la fase de tiranía.

En este punto, el proceso tiende a acelerarse. Podemos observar esto a medida que vemos un aumento en las leyes que se aprueban para controlar el aumento de los impuestos sobre la población, el aumento de la regulación y las promesas de generosidad cada vez mayores del gobierno, a pesar de que no tienen los fondos necesarios para cumplirlas.

Cuando cualquier gobierno llega a esta etapa, sabe muy bien que no va a cumplir y que, cuando la mentira se descubra, la población se volverá loca. Por lo tanto, justo antes del final del juego, se puede esperar que cualquier gobierno aumente su estado policial.

Las manifestaciones de los gobiernos que lo están haciendo ahora son vistas regularmente (en EEUU vemos equipos SWAT en situaciones donde un pequeño número de policias podrían manejar la situación igual de bien).

Demostraciones públicas de las fuerzas armadas en la calle, incluidos los vehículos blindados, en casos de manifestaciones.

En Londres, Ferguson, París, Boston, etc., las manifestaciones autoritarias se han vuelto cada vez más frecuentes. Todo lo que se necesita ahora es una serie de eventos (ya sean escenificados o reales) para sugerir la existencia de un terrorismo interno en varios lugares, más o menos al mismo tiempo. Un estado de emergencia nacional puede ser declarado “por la seguridad del pueblo”.

Es esta justificación la que asegurará el éxito de la tiranía. Históricamente, la mayoría de las personas en cualquier condado, en cualquier época, eligen la ilusión de seguridad por encima de su propia libertad.

Como le gustaba decir a John Adams,

“Los que quieren cambiar la libertad por seguridad no tendrán ninguna de las dos cosas”.

A partir de este momento, sería prudente para cualquier persona que viva en la UE, Estados Unidos, Reino Unido, etc. observar los acontecimientos de cerca.

Si se produce una erupción de “terrorismo doméstico”repentinamente, bien podría ser el presagio de que el gobierno ha llegado al punto de inflexión, cuando se inaugura la tiranía bajo el pretexto de “proteger la seguridad del pueblo”.

Lo más importante aquí es que, aunque algunos puedan oponerse a ello incluso violentamente, lo cierto es que la mayoría de la gente cambiará su libertad por la promesa de la seguridad.

Jeff Thomas

Visto en : El Robot Pescador

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