Si has visto películas sobre la mafia como El Padrino, entonces ya entiendes cómo funciona nuestro mundo. Por ejemplo, en El Padrino II, un grupo de mafiosos se reúne en La Habana, Cuba, para celebrar el cumpleaños de Hyman Roth. A medida que se va cortando y repartiendo el pastel de cumpleaños, Roth le explica al grupo qué invitado se llevará cada porción de Cuba. Extrapolemos esta escena a la realidad y podremos visualizar cómo funciona el mundo. 

De corporaciones a bancos centrales 

La estructura de poder de las élites globales se parece a esas muñecas rusas que en su interior albergan una nueva muñeca, y ésta a su vez a otra, pero en este caso serían corporaciones. ¿Cuántas personas se dan cuenta de que la misma corporación es dueña de KFC, Taco Bell y Pizza Hut? ¿O que HBO, CNN, TBS, TNT o Cartoon Network rinden cuentas al mismo jefe? ¿O que si usted bebe Budweiser, Corona, Stella, Busch o Michelob (y docenas de otras marcas), termina pagando a la misma corporación gigante? 

¿Quién controla estas corporaciones? No es el director ejecutivo, como la mayoría de la gente cree. El verdadero control está en manos de los principales accionistas y/o del Consejo de Administración, cuyos miembros no difieren mucho de una empresa a otra. Algunas élites incluso son miembros de varios Consejos de Administración al mismo tiempo. Por ejemplo, Rochelle Lazarus se encuentra en las juntas de Merck, GE y Blackstone; Jon Huntsman se sienta en las juntas de Hilton, Ford, Caterpillar y Chevron; y Timothy P. Flynn es director de JP Morgan Chase, Wal-Mart, Alcoa y United Healthcare. Piense por un momento cómo, a simple vista, todas estas corporaciones no parecen estar relacionadas entre sí. 

El Consejo de Administración rinde cuentas a los jefes que se hallan un escalón más arriba, los Señores financieros. Todas las corporaciones estatales en Occidente -y a estas alturas en gran parte del mundo- están controladas por gigantescas corporaciones financieras, sus grandes accionistas. Esto se vio corroborado en un estudio realizado en 2011, ¡y en el cual se demostró que menos de 150 multinacionales casi controlan todas las corporaciones del mundo! Algunas de ellas tienen nombres fáciles de reconocer como Barclays o JP Morgan; otros nombres como State Street o AXA son poco conocidos fuera de los círculos financieros, pero tienen una influencia y riqueza increíbles 

También hay algunos individuos como Carl Icahn o Paul Singer que pueden pedir prestados miles de millones de dólares al 0%, comprar toneladas de acciones de una corporación, cambiar sus políticas (como la forma en que se distribuyen los dividendos) y ganar una poco ética fortuna unos meses después. Así es cómo funciona la mafia financiera. 

En la parte superior de esta cadena alimentaria estarían los bancos centrales por su increíble capacidad de crear dinero de la nada. Como dijo alguna vez Meyer Rothschild: “Permítame emitir y controlar el dinero de una nación, y no me importará quién hace sus leyes!” Estas personas son los últimos padrinos del globalismo. Ellos determinan a los ganadores y a los perdedores en el capitalismo, y así controlan todas las corporaciones (incluyendo los medios de comunicación), los políticos, los militares y los Estados Profundos alrededor del mundo. 

Cómo utilizar las corporaciones 

Todas estas corporaciones son solamente herramientas utilizadas para un propósito más alto – controlar a la gente. El sistema financiero es la herramienta principal para controlar a las naciones. La deuda de cualquier nación, la riqueza, la calificación crediticia, el mercado de valores, etc., pueden ser manipulados por Wall Street, que es el arma financiera de la destrucción masiva. 

Hay otras corporaciones que ejercen el poder de maneras menos obvias. Los OGM de Monsanto son eficientes armas para controlar las naciones (si un país tiene que comprar semillas y pesticidas de corporaciones extranjeras cada año, ese país permanecerá sumiso). Las grandes farmacéuticas y los medicamentos también crean dependencias en las personas y las naciones. 

Por encima de todo, los globalistas se esfuerzan por controlar lo que la gente piensa. Aquí es donde entran en juego los medios de comunicación, el entretenimiento e Internet. Afortunadamente (para ellos), todos están corporatizados, de modo que Facebook, Google, los principales medios de comunicación y Hollywood pueden trabajar juntos para formar el Ministerio de la Verdad y controlar lo que la gente de todo el mundo siente, piensa y cree. 

Internet es también una gran herramienta para espiar a personas y líderes de naciones de todo el mundo. Esto resulta muy útil cuando los líderes no cooperadores tienen que ser chantajeados o derrocados (ejemplo: la presidenta brasileña antiestadounidense, Rousseff, fue eliminada por una llamada telefónica que se filtró, la NSA la había espiado y le intervino el teléfono). 

Cuando las corporaciones necesitan un poco de ayuda… 

La corporatocracia necesita mucha ayuda en un “mercado libre”, y ahí es donde entran en juego los militares y la política. El globalismo exige que todos los recursos naturales del mundo sean privatizados, que la gente de todas las naciones esté dispuesta a trabajar para los globalistas y que todas las economías se abran para que las corporaciones vendan sus productos. Cuando las naciones resisten esta tendencia, de repente, se enfrentarán a problemas extraordinarios. (Aquellos que están familiarizados con John Perkins y su trabajo como “sicario económico” entienden este proceso). 

En las películas sobre la mafia, la gente que necesita ser persuadida puede recibir un pez muerto envuelto en un periódico o puede despertar con la cabeza de un caballo junto a su cama. En geopolítica, las advertencias vienen en forma de revoluciones de color (Georgia, Ucrania), ataques de terroristas islámicos respaldados por Occidente (Libia, Siria, Filipinas), levantamiento de movimientos separatistas (Kurdistán, Balochistán, Estado de Rakhine en Birmania), actitudes hostiles de países vecinos (Qatar, Irán) etc. Si no funcionan, puede haber sanciones (Venezuela) y, finalmente, una invasión de “shock y pavor“. A diferencia del mundo mafioso en el que simplemente se puede llevar a cabo un ataque en helicóptero (El Padrino II), los globalistas se esfuerzan mucho en justificar su violencia manifiesta. Esta tarea de vender una guerra la llevan a cabo los principales medios de comunicación, expertos y políticos. 

En mi libro, Siria – Guerra de Engaño, explico la geopolítica de las guerras indirectas, el terrorismo islámico y la lucha por la hegemonía global. 

Una nación ideal será una nación vasalla que generosamente compartirá y privatizará sus recursos naturales, proporcionará mano de obra barata, abrirá sus mercados a corporaciones multinacionales, tomará préstamos excesivos del Banco Mundial y del FMI, comprará muchos Bonos del Tesoro estadounidenses, recibirá bases militares de la OTAN y los Estados Unidos, comprará armas de la UE y de EE.UU., y votará en la ONU según las instrucciones. 

¿El principio del final? 

Las personas que no se distraen por el drama diario de la vida, porque entonces se vuelven incapaces de pensar críticamente, pueden ver enormes problemas con el sistema actual. Los globalistas han usado dinero falso para empujar a Estados Unidos y a la mayoría de las naciones alrededor del mundo hacia una deuda colosal. Toda la economía mundial se sustenta en tasas de interés artificiales, burbujas inmobiliarias, burbujas en los mercados bursátiles y activos ficticios como los 500 billones de dólares en derivados (cuando el PIB mundial es de sólo 75 billones de dólares). Vivimos en un mundo real que depende de un sistema Ponzi alimentado por activos virtuales. [NdT: El esquema Ponzi es una operación fraudulenta de inversión que implica el pago de intereses a los inversores de su propio dinero invertido o del dinero de nuevos inversores, según Wikipedia.

La mayoría de los líderes de países de todo el mundo han comprado este sistema globalista. Sin embargo, hay algunos que todavía se resisten en varios grados – Corea del Norte lo hace de forma beligerante; Siria, Irán, Venezuela y Rusia lo hacen defensivamente; y algunos como China, Myanmar y Filipinas lo hacen de maneras más matizadas. 

Recientemente, también ha surgido una resistencia popular a los esfuerzos de ingeniería social del globalismo. Desde 1950, los globalistas se han embarcado en una continua revolución cultural que ha tratado de cambiar todos los aspectos fundamentales de la sociedad. Para lograr sus objetivos orwellianos/huxleyanos, los globalistas tienen que alterar completamente las nociones de familia, cultura, tradición, religión, identidad u orgullo nacional, historia, etc. 

Los próximos veinte años pueden ser los más significativos de la historia humana moderna. En geopolítica, ¿entraremos en un mundo multipolar donde Rusia y algunos de sus aliados eurasiáticos puedan conservar su soberanía? ¿Pueden EEUU y China evitar la “trampa de Tucídides“? ¿Podemos prevenir una guerra nuclear? ¿Cómo se manifestará el terrorismo islámico en los próximos años? ¿Qué posibilidades hay de que Europa cambie irrevocablemente como sociedad y civilización? ¿Habrá una contrarrevolución contra la ingeniería social globalista? ¿Cuándo perderá el dólar estadounidense su condición de moneda de reserva mundial? ¿Se verá obligado el sistema financiero mundial a reiniciarse? ¿Cómo afectará la ciencia y la tecnología, especialmente la inteligencia artificial y los robots, a la estabilidad social? ¿El cambio climático seguirá causando estragos? Sin embargo, la pregunta más importante de todas es: ¿en qué nos vamos a centrar: en estos retos apremiantes o en las triviales distracciones diarias que nos producen los globalistas?

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