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sábado 23 junio 2018
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Experiencias de productores en cultivos extensivos: sembrar ecológicamente sí se puede

Por Worms Con Ciencia Natural

Un pueblo de la provincia de Buenos Aires, pudo comprobar que se puede cambiar el modo de siembra basado en transgénicos y agrotóxicos para pasar a uno más ecológico, sustentable y orientado hacia lo natural.

Se trata de Guaminí, un pequeño poblado de 2.800 habitantes, ubicado casi al límite con la provincia de La Pampa que -desde su comuna- tuvo la iniciativa de desafiar el actual modelo productivo y apoyar a ocho productores para enfocarse en el modelo agroecológico, sin utilizar químicos ni venenos.

En principio, estos productores comenzaron con solo 100 hectáreas pero luego la producción fue creciendo y las hectáreas sembradas también, hasta llegar a las 1.500 que tienen hoy.

El resultado de la producción es inspirador: alimentos saludables, libres de transgénicos y químicos, naturales y orgánicos.

Dilemas

Al ser una zona agropecuaria, su economía regional se basa prácticamente en la agricultura. El problema es que el modelo productivo vigente convierte a los dueños del campo en “cautivos” de ese sistema, quedando atrapados en él.

Cansados de las fumigaciones con agrotóxicos y las consecuentes enfermedades, desde el municipio de Guaminí comenzaron primero a regular las distancias de las fumigaciones y luego dieron un paso más para comenzar una transición que les permita cambiar el paradigma de producción.

Sin embargo, al comienzo no fue todo tan sencillo, ni tampoco tan rápido. Esos “productores cautivos” se veían en la necesidad de combatir las malezas y sostener los rindes que les permitieran hacerse cargo de sus responsabilidades y deudas -pero a la vez- se sentían presionados porque  sabían -al igual que el resto del pueblo- que la salud y el medio ambiente estaban en juego. La decisión para ellos no era tan sencilla.

El encargado de medio ambiente de Guaminí, buscando opciones, vio en Youtube un video de una experiencia en un campo de 650 hectáreas en Benito Juárez que cultiva desde hace décadas en forma ecológica, gracias al asesoramiento del Ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, que se “rebeló” y comenzó a trabajar en campos sin utilizar químicos ni pesticidas.

Así fue como convocaron a Cerdá quien comenzó a asesorar y trabajar junto a los productores. Algunos de ellos se mostraron entusiasmados y otros con un poco de miedo y resistencia.

Afortunadamente, el municipio se involucró y comenzaron una prueba piloto en 100 hectáreas. Eran ocho productores con una porción de parcela para cada uno. Así fue comenzaron a sembrar avena, vicia, trébol rojo, sorgo, trigo, entre otros.

Experiencias inspiradoras

En entrevistas recogidas por Greenpeace, los productores contaron sus  experiencias.

“Fue un despertar. Ver algo distinto, con todo un abanico de posibilidades”, recuerda Rafael Bilotta, en su casa centenaria del centro de Guaminí.

“Es un cambio productivo, pero también un cambio en la forma de ver el suelo, los alimentos, la naturaleza y la vida. Se transforma en una filosofía de vida, estamos en ese proceso y muy felices”, añadió el productor.

Fabián Soracio comenta brevemente el círculo vicioso en el que estuvo inmerso durante años, resultado del “agronegocio”.

“No quería aplicar tanto (herbicidas), pero cuando veía algunas malezas llamaba al agrónomo, que es ‘el que sabe’, y me decía que aplique más. Y yo lo hacía por algo muy básico, tenía miedo de no sacar buen rinde, y si no produzco lo pensado no puedo pagar las deudas, y me endeudo y pierdo todo. El miedo estaba en toda esa cadena”, expresó.

“Yo soy productor agropecuario. Los que tienen que cambiarse el nombre son los otros… son productores agro-oncológicos. Es fuerte, lo sé, pero los químicos tienen sus consecuencias y tienen que hacerse cargo”, agregó.

Mauricio Bleynat, tambero y productor agropecuario, dijo: “Te meten en la cabeza que sin aplicación no producís. Y si no producís… perdés el campo”.

Marcelo Schwerdt, director de Ambiente e impulsor del proyecto, es hijo de un productor agropecuario y vivió este conflicto desde chico. “Comenzás aplicando dos litros por hectárea, luego tres. Aparecen más malezas y ya te dicen que un poco más. Y así terminás echando más de diez litros”, declaró.

Un consejo que ofrecen estos productores agroecológicos es aprovechar los animales: que entren, coman y depongan sus heces en el mismo lugar. Estas fertilizan, enriquecen y conservan los nutrientes del suelo.

Otra clave es dejar de desparasitar a todos los vacunos según calendario. La mirada veterinaria dominante es suministrar la conocida ivermectina (potente droga para ganados). La consecuencia no deseada es que afecta la bosta, y está no sirve para fertilizar los suelos.

Resultados

En solo 3 años los resultados de la prueba piloto han sido muy positivos: buena producción (igual o apenas por debajo de los campos con químicos), pero con mucho menor costo. Además, la comuna les aumentó la cantidad de hectáreas de 100 a 1.500.

A su vez, en todos los campos de los productores involucrados se redujo el uso de agroquímicos, se minimizaron costos y se mantuvo la producción sin grandes cambios. También comenzaron un proceso de recuperación de suelos. Rafael Bilotta se adelantó con estudios y le dieron mejores indicadores de fósforo, nutrientes y materia orgánica.

Los productores de Guaminí enfrentan los prejuicios de otros productores, que aún creen que dejar los químicos es volver a la azada y carpir la tierra.

Su premisa: dejar de mirar el campo desde lo químico y verlo como un sistema, no como cosas aisladas. Recuperar sabiduría del pasado, pero también aplicando tecnología apropiada y moderna. “Y, sobre todo, no creen en la recetas mágicas que te venden las empresas”, destacan los productores.

Estos trabajadores –nietos del hombre de campo y testigos de las primeras fumigaciones con agrotóxicos- seguramente no quisieron proyectar en sus hijos o nietos un futuro lleno de químicos y enfermedades.

Para este mundo de hoy, estos valientes que desafiaron el sistema, quizás pequen de idealistas o fantasiosos. Pero la realidad es que sí se puede, está en cada uno tomar la decisión correcta.

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