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jueves 18 octubre 2018
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Experiencia cercana a la muerte: “es sólo un comienzo, no el final”

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En dos oportunidades Ken Barnes dejó su cuerpo y vivió experiencias que confirman su creencia en el más allá. Si uno cree en tales experiencias o no, la historia de Barnes es una de perseverancia, de perdón y de positividad ante la adversidad.

Cuando Barnes tenía 9 años de edad sufrió una reacción adversa a una medicación que estaba tomando; su cuadro era grave y los médicos le dieron sólo uno o dos días de vida.

En ese momento el niño estaba parado junto a sus padres en el hospital hablando con ellos, pero ellos no podían oírlo. Seguidamente vio a su propio cuerpo sobre la cama y un ministro estaba dándole sus últimas ceremonias.

Cuando más tarde Barnes revivió habló con su padre sobre esta experiencia, pero su padre le dijo que estaba viendo demasiado “Twilight Zone”. Barnes describió en detalle lo que llevaba puesto el ministro. “Mi padre derramó su lata de cerveza, él era un creyente”, dijo Barnes en un video publicado en YouTube.

El 12 de octubre de 1998, cuando Barnes estaba en sus 49 años de edad, fue golpeado por cinco sujetos con bates de béisbol. Pasó 32 días en terapia intensiva, tres meses en el hospital y tres años en un asilo de ancianos.

Según sus relatos, mientras estuvo con vida artificial abandonó su cuerpo y conoció a tres seres que lo indujeron a pasar a la otra vida, un lugar en el que Barnes experimentó su mejor lección: aprender a tener compasión por sí mismo y para con los demás.

A pesar de tener un cuerpo lleno de barras y pernos no experimenta dolor, lo que él considera un regalo que trajo desde el más allá.

Barnes no está enojado con los hombres que lo golpearon. Incluso va tan lejos como para decir: “Si ellos se quitaran sus chaquetas, probablemente tengan alas por debajo de ellas”.

Llamar ángeles a sus atacantes es algo que para muchas personas es difícil de entender, explica Barnes. Aunque nunca fueron atrapados y no sabe quiénes son aún les agradece, porque la experiencia lo cambió profundamente para mejorarse.

En la actualidad Barnes trabaja en un hospicio y dedica su tiempo ayudando a pacientes enfermos de cáncer que están al borde la muerte.

“[La muerte] es sólo un comienzo, no el final”, concluyó Barnes.

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