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martes 25 septiembre 2018
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Los estadounidenses adoran las guerras perpetuas

Por Chris Kanthan / Sott.net

“Con gran poder viene una gran responsabilidad”; esa es una cita de la película El Hombre Araña. Sin embargo, la súperpotencia conocida como Estados Unidos no conoce ese concepto, porque no puede dejar de librar guerras incesantes y futiles. Con la rapidez con la que pueden ocurrir los cambios geopolíticos estos días, esta cruel actitud estadounidense fácilmente puede provocar una catastrófica guerra global. Aunque se puede culpar justificadamente a las élites por esta debacle, son igualmente culpables los estadounidenses que celebran ruidosamente o dan su bendición en silencio a las guerras perpetuas . Vender una guerra en EE.UU. es como regalar dulces en Halloween. 

En un nivel fundamental, la mayoría de los estadounidenses ni siquiera se dan cuenta de que viven en un Imperio. El crédito por esta sorprendente ignorancia se la llevan los medios, férreamente controlados por las corporaciones, y el sistema educativo. Con este tema completamente eliminado de la lengua vernácula, la mitad de la lógica desaparece en las discusiones sobre las guerras. Como resultado, también se omite totalmente cualquier discusión sobre el hecho de que el complejo militar e industrial prospera con las guerras. Los expertos que se benefician de las ganancias de las guerras desfilan en la televisión para informarle al público acerca de los grandes peligros de un enemigo extranjero. Luego estan los políticos que han sido comprados y pagados por los cabilderos del complejo militar, banquero y de seguridad. Los medios corporativos también regurgitan mecánicamente todos los puntos de interés del Estado Profundo. 

Los estadounidenses simplemente absorben e internalizan sin filtros toda la información tendenciosa de los comentaristas, políticos y medios. La pregunta, “¿Esto será propaganda?” nunca pasa por la mente de la mayoría de gente. Así que si no se discuten el imperialismo y la guerra como negocio, ¿qué más hay que pensar? Solamente al país que queremos atacar 

¿Y qué saben los estadounidenses acerca del país que queremos atacar? Virtualmente nada. No saben la geografía, historia, cultura o geopolítica del país que está siendo satanizado. La única información que la gente obtiene son puntos de discusión sensacionalista llenos de eslogans, que también se reciclan a través de las décadas: Hitler… dictador… asesino… libertad y democracia, bla bla. Para un efecto adicional, añada el apoyo a los terroristas. Eso es todo lo que los estadounidenses necesitan escuchar. ¡Venga! ¡Vamos a bombardear! 

El país que es blanco nunca tiene la oportunidad de defenderse. Los estadounidenses nunca escuchan al líder extranjero o a los medios extranjeros. ¡Eso sería una locura! Así que Estados Unidos se convierte en el Gran Jurado. Los expertos estadounidenses presentan el caso y siempre sentencian al acusado. Entonces las encuestas muestran que a una vasta mayoría de estadounidenses se les ha lavado el cerebro lo suficientemente para apoyar una acción militar, y las bombas empiezan a volar. 

Hay una razón por la cual las élites de la ingeniería social transmiten películas de las Segunda Guerra Mundial millones de veces al mes por la televisión de cable. Esta propaganda tiene dos mitos: Estados Unidos lucha contra el mal y Estados Unidos siempre gana. La programación es tan efectiva que ciertas palabras desencadenan una respuesta pavloviana en el público. Si usted analiza todos los artículos de los medios masivos sobre los “enemigos” que hemos atacado en las últimas décadas, verá el uso de las mismas palabras, frases y temas. 

Los estadounidenses no ven los patrones en la trama, ya que tienen la memoria de un pez dorado. Pregunta: ¿No acabamos de atacar Irak, Afganistán, Somalia, Yemen, Libia y Siria? Respuesta: ¡No me acuerdo! ¡Sólo sé que Irán es malo! Las élites pueden vender una serie de guerras, una por una, y los estadounidenses se las comprarán. Diablos, las élites pueden mostrar el plan y decir, “Vamos a atacar estos países en los años venideros,” pero simplemente no se registra la información. 

La memoria de pez dorado, junto con la completa apatía hacia los asuntos exteriores, también trae como resultado guerras libres de culpa. Pregunta: ¿Libia era própsera bajo Gadafi? Después de la campaña de bombardeo de EE.UU., ¿no está completamente devastada y desgarrada por la guerra civil y los grupos yihadistas? Respuesta: ¡No sé, no me importa! 

La culpa también se lava con los gestos humanitarios falsos tales como aceptar refugiados. El modus operandi es destruir cientos de hogares en un país extranjero y aceptar una familia como refugiada. O mejor aún, enviemos diez familias a Europa. Deshacerse de un dictador y darle la bienvenida a gente a tu país… ¡es una dosis doble de oxitocina (la hormona de la empatía)! 

Tampoco hay consecuencias tangibles por apoyar guerras. Primero, no fue como la Guerra de Vietnam, en la que estadounidenses comunes de familias de clase media pelearon y murieron. Segundo, el gobierno simplemente toma prestado más dinero para hacer nuevas guerras. Si uno no está afectado física o financieramente, es fácil apoyar las guerras. ¡Toma prestado y bombardea! 

Las aventuras militares estadounidenses son tratadas como series de televisión. Si la “Temporada 1: Libia” termina, los estadounidenses no pueden esperar por la “Temporada 2: Siria”. Saben que los episodios van a ser fascinantes y dramáticos. Terroristas, una nación totalmente arruinada en una guerra civil, un dictador malévolo que lucha por sobrevivir, la CIA que le da armas y entrena a los luchadores por la libertad… ¡Va a ser un gran éxito! Del mismo modo en que apagan su pensamiento crítico mientras miran shows de “realidad”, la gente simplemente consume los guiones estilo Hollywood escritos por propagandistas de la guerra y los medios de noticias falsas. Teóricamente, la gente podría desmantelar las narrativas de los medios masivos con un poco de investigación. Pero no, eso echaría a perder toda la diversión. 

La mayoría de los estadounidenses no se dan cuenta de que las sanciones son actos de guerra, y que las guerras indirectas son tan malas como las guerras reales. Las sanciones de Estados Unidos lisian naciones y ahogan sus economías, porque EE.UU. controla el sistema financiero global. Por ejemplo, medio millón de niños iraquíes murieron en los años 1990 debido a sanciones de EE.UU. y la ONU. En cuanto a la ilegalidad de las guerras indirectas, ¿cómo se sentiría Estados Unidos si Siria enviara rifles y misiles a Antifa o el KKK? Sin pensar en todo esto, los estadounidenses celebran las sanciones y el armamiento de rebeldes en otros países. (Por cierto, ¿cuál es la diferencia entre rebeldes y terroristas? Depende en qué dirección se apunten sus armas). 

Casi no hay autoreflexión en Estados Unidos. La política exterior del establishment de Estados Unidos es como un tipo que se mete en peleas de bar cada fin de semana, y siempre culpa a otros. Ya que a los estadounidenses no les importa la historia ni la geopolítica, creen que este entretenimiento seguirá por siempre. 

El hecho es que Estados Unidos es como el mono alfa que se pasa el día golpeando a los monos machos más jóvenes. Esto continúa por algún tiempo hasta que el alfa se hace un poco viejo y comienza a tomar muchas siestas. Es entonces que las monas del harem se escapan para disfrutar de un poco de romance con los machos jóvenes. Traduciendo esta realidad de la jungla a la geopolítica, los desafiantes son Rusia y China. Y sí, los estados vasallos de Estados Unidos alrededor del mundo ya están forjando lazos militares y de comercio con Rusia y China, y están explorando modos de salir del sistema del petrodólar. 

La política exterior de Estados Unidos no puede basarse en la “Doctrina Harvey Weinstein”. Weinstein piensa que porque es rico y poderoso, tiene derecho al acoso de las mujeres. Cuando las mujeres se rehúsan a ir a la cama con él, les destruye sus carreras. Estados Unidos ya no puede demandar lealtad y obediencia de otros países. Y ciertamente que no deberíamos abusar y bombardear a otros países nada mas porque elijieron ser independientes. Weinstein no cree en el cortejo, y EE.UU. ha descartado el sutíl y paciente arte de la diplomacia. 

Estados Unidos puede ser un Imperio o una República, pero no ambos. Un Imperio es muy costoso de mantener; crea muchos enemigos alrededor del mundo; y sacrifica su propia tierra para preservar desesperadamente su poder en el extranjero. Y siempre, eventualmente, cae. Estados Unidos puede ser (o más bien, sólo puede ser) próspero y fuerte sin involucrarse en guerras y agresión perpetuas. Desafortunadamente, no hay señal de que la gente a cargo del imperio tenga planes para cambiar sus erróneos caminos. No hay a dónde ir más que hacia abajo.

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