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sábado 21 julio 2018
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El hombre de Somerton: Uno de los casos más enigmáticos del siglo XX está a punto de resolverse

Por RT

En 1948, el cuerpo sin vida de un desconocido fue hallado en la ciudad australiana de Adelaida. Desde entonces, nadie ha logrado establecer la identidad del hombre ni la causa de su muerte.

Derek Abbott, un profesor de la Universidad de Adelaida, quien además de la ingeniería se interesa por las matemáticas, la criptografía y la ingeniería forense, asegura haber avanzado en sus intentos de resolver el famoso caso Tamam Shud, también conocido como el misterio del hombre de Somerton, informa ABC News.

¿Quién fue este hombre?

El 1 de diciembre de 1948 en la playa Somerton, en la ciudad australiana de Adelaida, encontraron el cuerpo sin vida de un hombre, cuya identidad sigue sin ser establecida hasta la fecha.

Vestido de manera impecable, con traje y corbata, no portaba documentos de identidad. Sus prendas no tenían etiquetas. Lo único que hallaron los investigadores fue un pedazo de papel que estaba en un bolsillo secreto del pantalón y contenía dos palabras: Tamam Shud.

Conviene precisar que la palabra ‘Tamam’ fue escrita ‘Taman’ cuando la noticia fue difundida por medios internacionales, reproduciéndose a día de hoy con esta grafía errónea en varias fuentes.

Sin rastros

En el cuerpo del hombre no había rastros de golpes o violencia.

La frase ‘Tamam Shud’ aparece al final del libro ‘Rubaiyat’, del poeta persa Omar Jayam y significa ‘terminado’ o ‘finalizado’. Posteriormente, encontraron una copia de este libro en la que faltaba la última página con aquellas dos palabras. El libro contenía, además, cinco líneas de letras indescifrables y un número de teléfono perteneciente a una joven enfermera llamada Jessica Thompson.

La mujer siempre negó haber conocido al difunto, pero los investigadores estaban seguros de que sabía algo. Sin sospechosos, pruebas o aparentes motivos de la muerte del hombre de Somerton, pensaron que se trataba de un suicidio.

La autopsia no reveló rastros de veneno ni problemas de salud que podrían haber causado la muerte. El patólogo Dwyer, encargado del caso, estaba convencido de que la muerte no fue natural y supuso que el veneno utilizado podría haber sido un barbitúrico o un hipnótico soluble.

Las pistas del científico australiano

Derek Abbott lleva muchos años indagando sobre el misterio e incluso se puso en contacto con Gerry Feltus, expolicía australiano encargado del caso, quien escribió un libro sobre el hombre de Somerton y le mostró a Abbott el trozo original de papel hallado en un bolsillo del difunto.

Tras sus conversaciones con Feltus, el científico se interesó por la enfermera, pero como esta ya había fallecido, su atención recayó sobre su hijo Robin, nacido un año antes de la muerte en circunstancias extrañas del desconocido de Somerton.

Abbott descubrió que un día su madre lo llevó a clases de baile y finalmente Robin se convirtió en un bailarín profesional. El investigador trazó rasgos parecidos entre el difunto y Robin, como las pronunciadas pantorrillas, algo típico para bailarines con formación.

“Los bailarines entrenados tienden a tener marcados músculos de las pantorrillas, mucho más marcados que en las pantorrillas de un corredor o un ciclista”, señaló el científico en el programa This is About, de la radio australiana ABC.

No tuvo la oportunidad de verse con Robin cara a cara, ya que este también falleció, pero en las fotos descubrió que, al igual que al hombre de Somerton, al bailarín le faltaban los dientes incisivos.

La teoría de Derek Abbott y su último avance

Tal como estaban las cosas, Abbott supuso que Robin era fruto de una relación entre Jessica Thompson, que en 1947 no estaba casada, y el hombre misterioso. Durante su investigación se puso en contacto con la hija de Robin, Rachel Egan (mujer de la que se enamoró, con la que se casó y tiene tres hijos).

Si su teoría es cierta, su esposa sería la nieta del hombre de Somerton. Aunque para comprobarlo necesita una muestra de ADN del difunto. Las autoridades australianas ya han rechazado dos veces su petición de exhumar los restos del cadáver embalsamado.

No obstante, Abbott ha encontrado tres pelos “en excelente estado” en un busto del desconocido realizado por la Policía en 1949 y ya los ha entregado para un análisis de ADN. Los resultados podrían darse a conocer en un plazo de hasta un año. Mientras tanto, el investigador prepara su tercera solicitud de exhumación del cuerpo.

Abbott subraya que pese a que su familia resulta de cierto modo enredada con el caso Tamam Shud, él como científico tiene que ser neutro y desapasionado durante su investigación.

“El hombre de Somerton me ha llevado hasta donde estoy ahora”, sostiene el científico. “Tengo hijos a los que quiero y que podrían no haber existido si no fuera por él”, agregó.

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