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miércoles 19 septiembre 2018
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Reparar: una alternativa para combatir la obsolescencia programada

Por Sputnik

Dos jóvenes argentinas impulsaron el Club de Reparadores, una instancia comunitaria para promover la reparación de objetos como una vía de alcanzar la sustentabilidad y el aprovechamiento de recursos. Sputnik te cuenta de qué se trata.

El cable de tus auriculares se dañó y solo escuchas de un solo lado, por lo que los botas a la basura y te compras unos nuevos. ¿Se te gastó la suela del zapato? No pasa nada, te deshaces de ellos y consigues un nuevo par en un centro comercial. La aspiradora funciona de maravillas, pero no encuentras más bolsas compatibles con el modelo que tienes, así que la tiras y adquieres otra.

Es muy probable que te puedas identificar alguna de estas acciones. Cada una de ellas, si te pones a pensar, tiene consecuencias en tu comunidad. Los desechos generados se vuelven una amenaza al medioambiente, mientras que tú pierdes dinero. En todos estos casos, la reparación es una opción adecuada y más amigable con la naturaleza y la sociedad en general.En Argentina, el Club de Reparadores busca generar conciencia sobre esta alternativa, pues “es mucho más eficiente a la hora de pensar la reducción de residuos”, explicó a Sputnik Melina Scioli, una de sus cofundadoras. Este particular colectivo realiza jornadas de reparación en sitios públicos, donde cientos de personas se juntan para dar una nueva vida a aquello que de otra manera estaba destinado a terminar en un vertedero.

Arreglar los objetos averiados o gastados resuelve “parte” del problema de los desechos, dijo Scioli, pero también tiene otra dimensión social importantísima, pues rescata un número de oficios y saberes —zapateros, costureros, relojeros, electricistas, luthiers, encuadernadores— que están desapareciendo de los barrios latinoamericanos.

“Nos dimos cuenta de que nos estábamos metiendo en un tema que era muy rico. Además de la minimización de residuos, conlleva al fortalecimiento y la generación de empleo. Por otro lado la reparación tiene un valor tanto como para el que la hace como para quienes participamos de la cultura y buscamos contagiar ese cuidado hacia las cosas”, aseguró Scioli, artista visual y consultora en sustentabilidad.

Scioli y su colega Marina Plá comenzaron con la idea en 2015. Inicialmente eran defensoras del reciclaje de materiales. Llegó un momento en el que notaron que “no es una solución en sí, sino una respuesta a un modelo que tiene fallas estructurales y sistémicas”. Este proceso para transformar materia prima usada para convertirla en nueva es necesario, pero su existencia “habla de que concebimos las cosas mal y generamos descarte”.

Esta reflexión llevó a que se preguntaran qué hacía que las cosas dejen de funcionar. En parte, vieron que los objetos en desuso se conciben bajo una lógica de obsolescencia programada, es decir, para que duren un tiempo determinado.

A veces, la obsolescencia era indirecta, por ejemplo, cuando las cosas dejan de funcionar “porque se descontinúan y cambian las cosas a un ritmo acelerado” y conseguir una pieza de repuesto se vuelve una tarea complicada.

“O incluso la obsolescencia psicológica, esta falsa creencia de que tenés que reemplazar algo porque no está más a la moda o simplemente tenés que tener el último modelo y descartás un objeto que puede seguir funcionando”, agregó Scioli.

El Club de Reparadores no se plantea como una instancia permanente. Son sesiones de unas cuatro horas, cuyos rubros varían de acuerdo con los oficios disponibles en cada comunidad. Se crean mapas de reparadores en la zona. En tan poco tiempo, no es posible reparar todo lo que se quiere, pero es una muestra de que es algo posible. El objetivo no es ese, sino que la “cultura de la reparación y el cuidado trascienda cada encuentro”.

“[Los encuentros] posicionan el hecho de que reparar es algo fácil, creativo y divertido. Es la opción más responsable. Reparando algo vos estás generando trabajo, valorando esos recursos que a la naturaleza le costó muchos años desarrollar y que hoy por hoy componen tus cosas”, dijo Scioli.

 

Secador de pelo de Ana, recién reparado por Iván #genioreparador y #joventalento del #clubdereparadores

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Entre noviembre de 2015 y agosto de 2017, se realizaron 27 ediciones oficiales, siete independientes, con 1.929 personas que asistieron para reparar 1.453 objetos. Los más comunes han sido auriculares, lámparas, camisas, pantalones y mochilas. El Club alienta la formación de eventos independientes para expandir en cada ciudad la iniciativa.

Muchas veces, los objetos que necesitan un repuesto se recomponen con piezas modeladas y creadas a través de un sistema de impresión 3D. Estas técnicas han ayudado a “volver la reparación un poco más atractiva”. El cruce de tecnologías nuevas con oficios antiguos y tradicionales es otro de los puntos que realzan el trabajo del Club. Es una manera de innovar y recuperar una tradición muy latinoamericana: la de “darse maña”.

“Es algo que heredamos de nuestros padres y de nuestros abuelos. En otra época había otra conciencia respecto a qué cosas se descartaban o no, del cuidado que había que darle en la vida útil”, dijo la artista.

La tradicional “maña”, ese acto de “buscarle una vuelta a algo que pareciera no tener solución”, es muchas veces lo que permite ejecutar el acto creativo de la reparación. A veces es necesario conocer cómo usar las herramientas, pero otras veces requiere además de creatividad.

La Constitución de Argentina indica en su artículo 41 que “todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el derecho de preservarlo”.

 

#clubdereparadores #especialelectronica #restartparty

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Scioli y Pla basan su trabajo en esta parte de la ley fundamental, que indica derechos y deberes respecto a la sustentabilidad, algo que consideraban que “se estaba tomando muy a la ligera”.

Respecto a la polémica generada por el reconocimiento de Apple de enlentecer premeditadamente sus dispositivos más antiguos, Scioli consideró “que es algo que no está bueno aceptar” y obliga a los consumidores a reflexionar sobre su rol y poder en el sistema a través de sus decisiones.

El famoso caso de la tostadora que no traba y salta sin tostar

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“Nosotros estamos comprando esos productos. Lo que al fabricante le llega es que su producto está bien porque genera ventas. Entonces sin duda tenemos que saber pedir y exigir mejor, y apoyar a aquello que sentimos que es el modelo que queremos ver en el futuro”, consideró la especialista.

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