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miércoles 17 octubre 2018
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Nuestros ríos van cargados de tóxicos agrícolas prohibidos que luego ingerimos

Por Miguel Jara

Los “disruptores endocrinos” son sustancias químicas tóxicas que interfieren en el normal desarrollo de las glándulas, en las funciones cognitivas y en el metabolismo. Imitan a nuestras hormonas favoreciendo el “desajuste” de múltiples sistemas de nuestro organismo. Buena parte de ellas son plaguicidas usados en la agricultura (la que los utiliza pues la ecológica no lo hace) y están pensados para actuar contra los organismos a los que pretenden combatir, pero también pueden dañar a otros seres vivos.

España es el país europeo que más plaguicidas utiliza con un consumo de 78.818 toneladas en 2014. Nuestro país es el primer productor de Europa de alimentos ecológicos y está entre los diez primeros del mundo en consumo “bio”. Pero también somos el único país europeo que permite cultivos transgénicos y también campeones europeos en uso y abuso de químicos tóxicos en la agricultura.

Ecologistas en Acción (EaA) ha analizado los datos oficiales de los Programas de Vigilancia de la Calidad de las Aguas llevados a cabo por las Confederaciones Hidrográficas para difundir un informe sobre la presencia de plaguicidas en las aguas de los ríos. El resultado es preocupante pues la industrialización de los plaguicidas convierte a los ríos españoles en auténticos ríos hormonados.

Muchos plaguicidas han sido prohibidos por causar cáncer, provocar malformaciones o por afectar a la reproducción de animales silvestres y seres humanos. Durante el verano pasado conocimos que la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA por sus siglas en inglés) ha reconocido oficialmente que el bisfenol A es un químico tóxico que altera nuestro sistema hormonal.

Lo de este disruptor endocrino se sabía desde hace años por cantidad de estudios científicos pero hoy sigue en tiquets de compra, botellas de plástico o latas de conservas.

Muchas de estas sustancias deberían restringirse o prohibirse por causar malformaciones, enfermedades del sistema inmune, neurológico y del sistema hormonal.

Algunos plaguicidas persisten en el medio ambiente y los tejidos vivos, acumulándose a lo largo de la cadena trófica (de alimentación). Estas propiedades de toxicidad y estabilidad los convierten en agentes contaminantes con elevados costes para la salud y el medio ambiente.

Los datos recopilados por los programas de vigilancia muestran:

• La presencia de plaguicidas tóxicos en todas las cuencas de los ríos analizadas. En conjunto, en 2012 se detectaron 46 de los 95 plaguicidas analizados y en 2016, 47 de las 104 sustancias analizadas.

• La mayoría de las sustancias detectadas son insecticidas (21) y herbicidas (19). En menor medida se detectan fungicidas (5).

• El 70 % de los plaguicidas detectados NO están autorizados en la UE ni en España. Aún siguen presentes en el agua químicos prohibidos hace muchos años por su elevada toxicidad, como el DDT, el lindano, la atrazina o el endosulfán, entre otros.

• 26 de los 47 plaguicidas detectados en 2016 han sido identificados como disruptores endocrinos o se sospecha que lo son.

• Las cuencas hidrográficas más contaminadas son aquellas con una agricultura más intensiva (podéis ver la tabla que hay en el informe y buscar la vuestra).

El glifosato también está (y mucho) en nuestros ríos. Es el herbicida tóxico más utilizado en España y en el mundo y muy polémico porque En marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), difundió un trabajo científico que concluye que el glifosato probablemente es carcinógeno.

El producto que inventó la compañía Monsanto, se ha detectado en tres de las cinco cuencas en las que se analizó en 2016. En el Júcar se detectó en todas las muestras en las que se analizó (48).

En el Tajo es la sustancia detectada con mayor frecuencia (en 263 de las 421 muestras analizadas) y en el País Vasco es el plaguicida detectado con mayor frecuencia de uso tras el clorpirifós, lo que muestra una utilización extensa de este herbicida tóxico.

No es de extrañar que en casi todas las personas analizadas existan restos del tóxico y lo orinen.

Es necesario pues aplicar cuanto antes la prohibición de utilizar sustancias activas con capacidad de alterar el sistema endocrino. También reducir el uso de plaguicidas. Los países de nuestro entorno lo han hecho en los últimos años, Dinamarca, por ejemplo, en un 40%.

Frente al modelo industrial y globalizado de agricultura, cada vez más voces claman por un cambio de rumbo hacia modos ecológicamente sostenibles y socialmente justos de manejo de los recursos naturales.

La agroecología plantea formas de manejo basadas a la vez en modernos conocimientos científicos y en los aspectos positivos que nos aporta el conocimiento tradicional campesino.

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