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viernes 16 noviembre 2018
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Mantenga los ojos abiertos ante la tecnología

Historia en Breve

  • En un inicio, solo había algunas formas de obtener financiación para crear nuevas tecnologías, conocidas como ABC. “A” para las fuerzas armadas, “B” para la burocracia y “C” para el poder corporativo; la participación social es el nuevo motor de la tecnología, la cual se ha disparado más en los últimos años
  • Los estímulos ambientales que se producen a través de las pantallas pueden mantenernos permanentemente distraídos, de modo que no podemos desarrollar un pensamiento profundo ni conocimiento alguno
  • Aunque el internet se ve como un medio para tener al mundo al alcance de la mano, hay quienes afirman que en realidad es una herramienta para intensificar la voz del control corporativo
  • Solemos pensar en el internet como un medio por el cual podemos conectarnos con todo y con todos, pero en realidad la mayor parte de la información circula entre ciertas corporaciones importantes que la controlan, como Google
  • Puede personalizar y filtrar lo que ve, pero la forma en que el contenido está diseñado puede mantenerlo atrapado en una burbuja que ha sido cuidadosamente construida

Por el Dr. Mercola

La tecnología no se produjo por accidente, es un reflejo de la voluntad humana, o al menos eso dice el enigmático documental “Stare Into the Lights My Pretties”. Sin embargo, en vista de que el ritmo del desarrollo tecnológico continúa creciendo exponencialmente, resulta incierto si alguien imaginó cómo la sociedad se obsesionaría con las pantallas, de manera que nuestras horas de vigilia están dominadas por ellas de una u otra forma.

Al principio, solo había algunas formas de obtener financiación para crear nuevas tecnologías, conocidas como ABC. “A”, para las fuerzas armadas, como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA, por sus siglas en inglés), que se encargó del trabajo que inició el Internet.

“B”, para la burocracia, lo que se refiere a innovaciones tales como sitios gubernamentales destinados a brindar información y servicios, como declaraciones de impuestos en línea.

Y “C”, para el poder corporativo, el cual constituía la tercera rama que impulsaba el desarrollo de nuevos productos para atraer nuevos mercados.

De acuerdo con Lelia Green, catedrática y conferencista de la escuela de comunicaciones en la Universidad Edith Cowan, en Perth, Australia, quien aparece en el documental, “Google ofrecía muchos ejemplos de cómo el poder corporativo impulsó el desarrollo”.1

Sin embargo, la participación social es el nuevo impulsor de la tecnología que se ha disparado más en los últimos años. La profesora Greens señala que, en la actualidad, los colaboradores distribuidos y los innovadores cotidianos son un importante impulsor de la tecnología.

“El reconocimiento de las redes de colaboradores distribuidas permite aceptar el poder creativo referente a ‘aprovechar la colectividad’; es decir, la comunidad de personas involucradas en una actividad compartida”, dice la experta.

“Vemos estas alianzas de personas entusiastas trabajando de manera creativa y productiva en contextos de videojuegos, wikis y sitios para crear historias de ficción–entre otros,” pero, ¿qué significa todo esto y qué sucederá si esta cultura tecnológica permanece sin ser controlada?

Video disponible solo en ingles

¿Acaso las máquinas controlan nuestras vidas?

El fundamento del documental yace en la inquietante pregunta de quién tiene realmente el control: ¿Las máquinas o nosotros? El documental muestra algunas estadísticas desconcertantes sobre cómo la tecnología integrada se ha incorporado en nuestras vidas del siglo XXI:

  • Más de 3.8 mil millones de personas tienen acceso a internet
  • Cada mes se reportan 2 mil millones de usuarios activos de Facebook
  • El adulto promedio pasa más de 8 horas al día frente a una pantalla (más tiempo del que duerme)
  • En los primeros 15 minutos tras despertarse,4 de cada 5 usuarios de teléfonos inteligentes revisan sus dispositivos
  • Para cuando la persona promedio llega a los 70 años, habrá pasado el equivalente de 10 a 15 años de su vida viendo la televisión, de los cuales más de 4 años fueron dedicados exclusivamente a los anuncios

¿Qué significa esto para su cerebro? “Como neurocientífico, sé que el cerebro humano está cambiando. Sé que es sumamente plástico… es muy dinámico, se adaptará al medio ambiente”, dice Susan Greenfield en el documental.

Pero los estímulos ambientales que las pantallas transmiten pueden mantenernos permanentemente distraídos. Puede leer un artículo en línea, luego ver que le ha llegado un mensaje instantáneo o revisar un correo electrónico.

Luego puede hacer clic en un anuncio y de repente mirar un video sobre un tema que no tiene relación alguna con lo que está haciendo. Es fácil dejarse llevar por el espejismo del internet, que puede conllevar tanto beneficios como riesgos. Greenfield explicó:

“A menudo he expuesto los beneficios de la cultura que emana de la pantalla como un proceso ágil, pero esto no debe confundirse con el contenido… esto podría estar relacionado con un alto coeficiente intelectual, porque las habilidades que practica cuando juega videojuegos son similares a las habilidades que se requieren para tener éxito en una prueba de coeficiente intelectual.

No necesita muchos datos o infraestructura… pero tiene que ser muy ágil en analizar tanto los patrones como las conexiones y generar una respuesta en poco tiempo… Como consecuencia y como muchos afirman, estamos viendo un aumento en las puntuaciones de coeficiente intelectual en muchas sociedades, pero no un aumento en la empatía ni en la comprensión”.

Por ejemplo, en un metanálisis de 116 estudios publicados en Frontiers in Human Neuroscience,2 en el que se propuso determinar qué efectos tienen los videojuegos en su cerebro, la evidencia sugiere que estos pueden beneficiar la atención, asimismo, los jugadores muestran mejoras en la atención selectiva, dividida y continua, así como en áreas de control cognitivo y habilidades visoespaciales.

La desventaja pueden ser sus efectos en las áreas cerebrales enfocadas en el procesamiento de las recompensas. Se ha demostrado que muchas de estas áreas se ven afectadas en personas adictas a los videojuegos, “se trata de un trastorno que controla los impulsos, con consecuencias psicológicas, al igual que ocurre con otros trastornos adictivos, en especial las adicciones que no involucran sustancias como las apuestas patológicas”, señaló el estudio.3

“Por un lado, la inteligencia fluida es muy buena para el procesamiento mental… pero eso no es igual al entendimiento. La información no es conocimiento”, declaró la experta.

¿Las pantallas nos incapacitan para pensar a fondo y nos hacen adictos al internet?

Nicholas Carr, autor de los libros “The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains” and “Utopia Is Creepy” (Qué está haciendo el internet con nuestras mentes y La Utopía es escalofriante), descubrió que, con el creciente uso de dispositivos digitales, los millennials experimentan problemas aún mayores con el olvido en comparación con las personas mayores.

Este es el “lado oscuro” de la plasticidad neurológica que permite que su cerebro se adapte a los cambios en su entorno.

Este tipo de plasticidad es una forma en la que su cerebro se recupera después de que un derrame cerebral ha dañado permanentemente cierta área. Sin embargo, las consecuencias para los niños que crecen en la era digital podrían ser devastadoras. Carr declaró en el documental:

“El cerebro humano es particularmente maleable cuando es joven. Si una persona crece mirando pantallas… y siendo bombardeada por información, entonces la pregunta es, ¿alguna vez desarrollará los circuitos cerebrales necesarios para hacer cosas como leer una obra compleja y pensar profundamente… o estos estarán configurados para pensar de forma digital?

Me parece que el gran temor es que terminemos con una generación de personas muy buenas para utilizar la red y buscar información muy rápidamente, pero que en realidad no tienen capacidad de contemplación, concentración o compromiso profundo con la información”.

De igual forma, existen inquietudes entorno a la adicción, ya que el 40 % de los participantes en un estudio admitió que tenían algún grado de obsesión relacionado con el internet y reconocieron que pasaban demasiado tiempo en línea.5

Se informó que los participantes pasaron un promedio de 5 horas diarias en internet y el 20 % pasó más de 6 horas al día. Las razones más comunes para estar en línea fueron las redes sociales y compras.

Sin embargo, de acuerdo con una investigación presentada en la conferencia del British Psychological Society,6 el uso general de las redes sociales, y sobre todo el uso nocturno, se ha relacionado con una peor calidad del sueño, menor autoestima y mayores niveles de ansiedad y depresión entre los jóvenes de 12 a 18 años.

Asimismo, en un estudio del diario científico Preventive Medicine7 el sueño alterado, baja autoestima y altos niveles se ansiedad y depresión se relacionaron significativamente con un mayor uso de las redes sociales—especialmente durante la noche–entre los adultos jóvenes (entre 19 y 32 años).

Además, un estudio con más de 1 000 participantes en Dinamarca reveló evidencia causal de que “Facebook afecta negativamente nuestro bienestar”.8 El estudio reveló que los usuarios de esta red social que no accedieron al sitio durante una semana informaron niveles significativamente más altos de satisfacción con la vida y una significativa mejora en su vida emocional.

¿La tecnología intensifica la voz del poder corporativo?

Aunque el internet se ve como un medio para tener al mundo al alcance de la mano, hay quienes dicen que en realidad es una herramienta para intensificar la voz del poder corporativo. Solemos pensar en el internet como un medio por el cual podemos conectarnos con todo y con todos, pero en realidad la mayor parte de la información circula entre un par de importantes corporaciones que la controlan, como Google.

Puede personalizar y filtrar lo que ve, pero la forma en la que el contenido está diseñado puede mantenerlo atrapado en una burbuja cuidadosamente construida. Al personalizar e individualizar su perfil, ni siquiera sabrá qué se está excluyendo.

Pero, ¿qué ocurre con nuestras comunidades, nuestras relaciones y nuestra cultura, si todos estamos presentes en esta “burbuja de filtros”, en este mundo de pantallas que está diseñado principalmente para hacer que las personas hagan clic y vean más páginas?

Es importante entender que, al estar en línea, usted es el producto y las corporaciones buscan que más personas visiten sus contenidos. Por ejemplo, Facebook, no se conforma con que el usuario promedio pase “solo” 50 minutos al día. Prefiere que se convierta en una plataforma en la que esté todo el día conectado para ser básicamente el historial de su vida. Como lo informó el The New York Times:9

“Facebook, desde luego, está ideando maneras de hacer que pasemos aún más tiempo en su plataforma. Una iniciativa crucial es mejorar su sección de Noticias, adaptándola de manera más precisa a las necesidades e intereses de sus usuarios, en función del tiempo que las personas pasan leyendo publicaciones específicas.

Para las personas que muestran cierta preferencia por los videos, aparecerán más videos cerca de la parte superior de sus noticias. Cuanto más tiempo pasen las personas en Facebook, más datos se generarán sobre ellos, y la empresa mejorará en sus necesidades”.

Facebook utiliza un algoritmo sofisticado para rastrear sus intereses, con quién habla y lo que dice, e incluye información sobre su edad, sexo, nivel de ingresos y una cantidad espectacular de otros detalles que les permiten a los anunciantes dirigir su contenido exactamente a quién creen que harán clic a sus anuncios.10

En el caso de los teléfonos inteligentes, estas compañías contribuyen a programar lo que hace, como piensa y lo que siente.

Así es como las empresas satisfacen a sus anunciantes, que pagan por el privilegio de ser percibidos por nuestros ojos en sus anuncios. Algunos programadores llaman a este proceso “hacking cerebral“, ya que incorporan más información referente a la neuropsicología en el desarrollo de interfaces digitales que aumentan su interacción con el programa.

Por ejemplo, los “me gusta” en Facebook e Instagram, los “streaks” en Snapchat o los lindos emojis en los mensajes de texto, están diseñados para aumentar su participación y deseo de seguir utilizando la aplicación. Las compañías de tecnología están inmersas en el negocio de manipular su comportamiento, y de forma paralela existen preocupaciones relacionadas con la privacidad.

Rebecca MacKinnon de Global Voices Citizen Media Network dijo en el documental: “La vigilancia está mucho más presente en nuestras vidas conectadas al internet que en nuestras vidas desconectadas del mismo, y me parece que la mayoría de las personas en los Estados Unidos… no lo saben porque cuando la policía entra a su casa… y revisa sus gabinetes y escritorio, es evidente.

Si hacen lo mismo en su correo electrónico, sistemas de almacenamiento en línea o Facebook, ni siquiera se imagina lo que están haciendo, por lo que es un tema que no le preocupa”.

El hecho es que las personas están subiendo a la web detalles íntimos de sus vidas sin tener en cuenta a aquellos que podrían estar utilizando esta información para mal.

El documental también señala que los datos personales que comparta en línea–desde creencias religiosas, preferencias sexuales hasta información sobre su familia–algún día podrían ser utilizados en su contra o de una manera que podrían perjudicarlo.

Las pantallas lo exponen a la luz azul

La luz azul es otra pequeña variable que se discute al abordar la exposición a las pantallas. La exposición nocturna a pantallas de computadora o televisores con retroiluminación LED suprime significativamente la producción de melatonina y la sensación de somnolencia. Cuando su cerebro “ve” luz azul por la noche, el mensaje contradictorio puede sumarse a serios problemas de salud.

Por ejemplo, en el 2011 los investigadores descubrieron que la exposición a las pantallas de computadora con retroiluminación LED durante la noche afecta la fisiología circadiana. Entre 13 hombres jóvenes, la exposición nocturna a una pantalla con luz LED durante 5 horas suprimió significativamente la producción de melatonina junto con la somnolencia.11

Sin embargo, el problema tiene un mayor alcance al sueño. Los LED prácticamente no tienen luz infrarroja beneficiosa y un exceso de luz azul genera especies reactivas del oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés), lo que daña su visión y posiblemente provoca la degeneración macular relacionada con la edad (AMD, por sus siglas en inglés), que es la principal causa de ceguera entre las personas de la tercera edad en los Estados Unidos.

Asimismo, las luces LED pueden exacerbar la disfunción mitocondrial que da pie a diversas afecciones crónicas como trastornos metabólicos o cáncer.

Por lo tanto, si ve pantallas durante la noche, es esencial que bloquee su exposición a la luz azul mientras lo hace. En el caso de su computadora, puede instalar un programa para disminuir automáticamente la temperatura del color de su pantalla.

Muchos utilizan f.lux, pero yo prefiero el software Iris. Además, cuando vea televisión u otras pantallas, asegúrese de utilizar lentes que bloquean la luz azul después del atardecer.

¿Las máquinas son más importantes que el mundo real?

Finalmente, el documental nos obliga a retroceder y pensar en la forma en que la tecnología inevitablemente ha invadido nuestras vidas. Por el lado amable, también ofrece la posibilidad de realizar cambios en la medida en que influye en sus actividades diarias.

Para algunos, no acceder a las redes sociales por un tiempo puede ser el cambio revelador que necesita, sobre todo si se siente peor después de haber estado navegando en la web.

Asimismo, posiblemente deba monitorear la cantidad de tiempo que pierde mientras se distrae en línea–y en su lugar, dedicar ese tiempo a actividades fuera de la web. Si descubre que su vida se ha centrado más en la tecnología que en las relaciones, hoy es el momento de hacer cambios positivos, antes de que sea demasiado tarde. Como el documental afirma, puede haber grandes riesgos:

“¿Con quién se relaciona rutinariamente, con personas o con máquinas? ¿Con cuántas máquinas tiene contacto a diario, en comparación con la cantidad de animales silvestres con los que interactúa? Si se relaciona con máquinas, posiblemente llegue a pensar que son más importantes que el mundo real”.

 












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