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domingo 21 octubre 2018
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Comer fuera de casa es una fuente de exposición a plásticos tóxicos con los alimentos

Por Miguel Jara

Salir a comer o cenar fuera de casa suele conllevar una mayor ingesta de grasas, azúcares o sal, vaya que nos descuidamos cuando abandonamos, aunque sea por unas horas, nuestro hogar (espacio en el que es más fácil controlar lo que ingerimos, su cantidad y calidad). Pero además, la comida rápida de fuera de casa ofrece mayor cantidad de residuos de plásticos “alimentarios” como los ftalatos que se acumulan en el organismo y son causa de importantes enfermedades.

Ahora resulta que ese hábito de salir a cenar o comer fuera también parece aumentar nuestra exposición a los ftalatos, unos químicos derivados del plástico que son dañinos para nuestra salud. Unos investigadores de las universidades estadounidenses de Washington y California analizaron los restos de ftalatos en la orina de más de 10.253 personas en Estados Unidos para saber la relación entre comer fuera y acumular más ftalatos.

Para ello preguntaron a sus “cobayas” qué habían cenado el día anterior y dónde habían realizado la ingesta. Y descubrieron que la mayoría lo había hecho fuera de casa, el 61% en concreto. Quienes habían acudido a un establecimiento de comida de la denominada rápiday los que lo hacían con cierta frecuencia tenían unos niveles de residuos de ftalatos un 35% mayores (en el caso de los jóvenes la cifra se elevaba hasta un 55%) que las personas que decían consumir alimentos preparados en casa, según el estudio que luego publicaron en la revista científica Environmental International.

Los ftalatos o ésteres de ácido ftálico son un grupo de productos químicos industriales utilizados para la fabricación de plástico, para hacerlo más flexible o resistente.

Pero son nocivos para la salud humana: además de ser desestabilizadores del sistema hormonal o endrocino, numerosos estudios los vincularon a malformaciones del feto, asma, cáncer e infertilidad, entre otros problemas de salud.

Los alimentos que presentaron una mayor concentración de estos disruptores endocrinosfueron los bocadillos, los sándwiches y las hamburguesas, que suelen llevar más plástico al servirse empaquetados. En febrero de 2017 se produjo el reconocimiento por parte de la Unión Europea de cuatro sustancias de la familia de los ftalatos como disruptores endocrinos para los seres humanos. Estas son sustancias químicas sintéticas que influyen en la normal actividad de las hormonas, amplificándola o disminuyéndola hasta incluso impedir dicha actividad de la hormona generando enfermedades.

Son sustancias sintéticas artificiales creadas por el hombre, que no existían en la naturaleza y hoy forman parte de infinidad de productos cotidianos. Como explica Carlos de Prada, de la campaña Hogar sin tóxicos de la Fundación Vivo Sano:

Básicamente se usan como reblandecedores de los plásticos (plastificantes) o como fijadores y, así, terminan en infinidad de elementos que puede haber en cualquier hogar. Pueden, por ejemplo, formar parte de plásticos como el PVC (hasta un 30-40% o más del peso total del PVC). Y como no están químicamente unidos al resto del plástico, pueden irse desprendiendo de él, poco a poco, integrándose, por ejemplo, en el polvo doméstico que se respira.

Pero pueden estar en muchas cosas más: pegamentos y adhesivos, aparatos electrónicos, materiales de construcción, productos de limpieza, productos de aseo personal (geles, champús, jabones, lociones, cosméticos…), perfumes, recipientes y envases (botellas de agua, tuppers…), pinturas, barnices, juguetes, arcilla para modelar, ceras, tintas de impresión, ropas y tejidos, ambientadores, pesticidas, etc”.

Varias de estas sustancias se han asociado en estudios científicos a más problemas, especialmente —aunque no sólo— por exponerse a ellas en la etapa prenatal, que es la más sensible:

Asma y alergia infantil, limitación de la función pulmonar en hombres adultos, anomalías en el desarrollo genital masculino (como la criptorquidia, esto es, testículos que no descienden al escroto), alteración de los niveles de testosterona, ginecomastia en adolescentes varones, acortamiento de la distancia anogenital en varones recién nacidos (síntoma de virilización incompleta), alteraciones del comportamiento (como feminización de la conducta infantil), telarquia precoz (desarrollo prematuro de las mamas en las niñas), endometriosis, cáncer de mama, alteración de la formación de los folículos ováricos, partos prematuros, bajo peso al nacer, trastorno de déficit de atención en hiperactividad, problemas de desarrollo cognitivo y motor en los niños, obesidad, resistencia a la insulina (ligada a la diabetes), etc.

Las etiquetas no suelen decirnos si un producto determinado puede contenerlos. Y las medidas adoptadas hasta ahora por las autoridades para reducir la exposición humana dejan mucho que desear. Hay algunas prohibiciones o restricciones para algunos ftalatos en productos para niños pequeños, en cosméticos o en contacto con alimentos, pero no bastan para afrontar debidamente el problema.

La iniciativa Hogar sin Tóxicos mantiene una campaña en la que solicita al gobierno español que ponga en marcha una estrategia nacional sobre ftalatos para reducir la exposición humana a estas sustancias, así como que se promueva (a nivel nacional y europeo) una regulación más estricta comenzando por la prohibición de los cuatro ftalatos más preocupantes y que, entre otras cosas, se realicen campañas de información a la población y a los profesionales sanitarios acerca de los riesgos de estas sustancias.

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