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sábado 20 octubre 2018
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El plan secreto de Kissinger y Trump: convertir a Rusia en un “ariete” contra China

Por Sputnik

Los medios estadounidenses están discutiendo activamente la llamada estrategia de Kissinger revelada recientemente. Según el diario The Daily Beast, el exsecretario de Estado de 95 años supuestamente logró convertirla en un elemento clave de la política exterior de la Administración Trump.

Cinco fuentes confirmaron al medio que el plan del “patriarca de la diplomacia estadounidense” es usar a Rusia como país agresivo contra China que amenaza la hegemonía mundial de Estados Unidos.

En este esquema, Rusia tiene un papel de herramienta, analiza Iván Danílov, columnista de Sputnik. Es decir, se espera que el Kremlin acepte participar activamente en el proceso, que los analistas estadounidenses denominan como “encerrar a China en una caja”, de la cual el gigante asiático ya no pudiera escapar.

De hecho, se propone que Rusia cumpla la misma función con respecto a China, que Ucrania desempeña en relación con Rusia, es decir, ser una fuente de tensión, de riesgos y un participante activo en un posible bloqueo económico o logístico.

Danílov enfatiza que ni la Casa Blanca ni la oficina de Henry Kissinger han desmentido el artículo de The Daily Beast, lo que hace que esta información sea aún más creíble.

Apenas sabremos la verdad sobre las propuestas de Henry Kissinger, pero la idea de que exista cierta agenda anti-China explica perfectamente todos los pasos que han tomado los estadounidenses contra Rusia, incluyendo nuevas sanciones y la cumbre en Helsinki, opina el analista ruso.

“Trump no es un negociador ordinario y su estilo de concluir acuerdos financieros o políticos va más allá de la diplomacia convencional”, observa.

Según Danílov, muchos antiguos socios de Trump afirman que su método típico comprende primero amenazar y luego ofrecer una muy pequeña concesión, que por lo general es insignificante pero en el contexto de las amenazas parece más importante.

De la misma manera se negoció la situación en torno a Corea del Norte y la guerra comercial con China. En el caso de Rusia, es aún más evidente: primero se introducen las sanciones como látigo, luego viene una amenaza de sanciones adicionales, y como zanahoria actúa un hipotético levantamiento de las sanciones y se ofrecen unas inversiones estadounidenses.

El problema de este enfoque es que incluso en los negocios, a pesar de sus enormes lazos políticos, origen de élite y grandes recursos financieros, Trump se enfrentaba a menudo a unos oponentes que no querían tolerar sus métodos, y tras las primeras amenazas simplemente abandonaban las negociaciones, recuerda el analista.

Además, Trump sufrió seis quiebras corporativas. En el entorno empresarial, el futuro presidente de Estados Unidos podía permitirse el lujo de buscar contrapartes no muy firmes, pero en la geopolítica esto no funciona así: el club de grandes potencias es bastante pequeño y resulta imposible eliminar las consecuencias de unas relaciones empeoradas por medio de una quiebra, opina Danílov.

Para el periodista, es difícil imaginarse una táctica de interacción más improductiva con Vladímir Putin que la de amenazas de Trump. El líder ruso ha subrayado en repetidas ocasiones que es imposible lograr una cooperación con Rusia a través de amenazas o presión.

“No importa lo dulces que sean las promesas de regalos de ‘amistad’ con Washington contra Pekín, aceptar el ‘plan Kissinger’ sería un gran error. Basta con mirar a Ucrania para ver en qué se está convirtiendo el país que se usa como ‘ariete’ contra una gran potencia vecina”, considera Danílov.

Asimismo, el columnista advierte que cada acuerdo con Estados Unidos es un gran riesgo asociado con el hecho de que cualquier ‘acuerdo histórico’ en la realidad política estadounidense moderna puede romperse fácilmente si cambia la Administración presidencial.

A juzgar por las acciones de la Administración Trump, su equipo todavía se enfoca en la idea de utilizar a Rusia contra China por medio de un látigo de sanciones y una zanahoria diplomática. Sin embargo, las posibilidades de llevar este esquema a la práctica son cero, asegura el analista.

“Un diálogo realmente sustancial en las relaciones ruso-estadounidenses solo puede empezar después de que la Casa Blanca entienda que Rusia no es un ‘martillo geopolítico’ para romper la Gran Muralla China, sino que es un uno de los polos de fuerza global con sus derechos e intereses”, concluye.

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