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miércoles 8 abril 2020
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Los globalistas reconocen abiertamente su agenda: El control de la población, ¡una mala señal!

Hace mucho que la eugenesia y el control de la población sirven de pasatiempo a las élites financieras. A principios del siglo XX, la Fundación Rockefeller y el Instituto Carnegie estaban profundamente involucrados en la promoción de las leyes eugenésicas en los Estados Unidos. La consecuencia de estas leyes fue la esterilización forzada de más de 60.000 ciudadanos estadounidenses en estados como California, además de las miles de personas a las que no se autorizaron las licencias matrimoniales.

Los programas eugenésicos estadounidenses sólo eran una prueba beta, ya que más adelante los Rockefeller transferirían sus programas a Alemania bajo Hitler y el Tercer Reich en la década de 1930, época que marcaría el inicio de un verdadero programa de control de la población anclado en la eugenesia.

Los objetivos enmarcando la reducción de la población se basaban en el origen étnico, pero también en la “inteligencia mental” y el estatus económico. El Instituto Carnegie incluso estableció una “Oficina de Registros Eugénicos” llamada Cold Springs Harbor Laboratory en 1904 que se encargada de la recopilación de datos genéticos de millones de estadounidenses y sus familias con la intención de controlar su número y borrar ciertos rasgos de la población estadounidense. El Laboratorio Cold Springs Harbor sigue existiendo con la pretensión de esforzarse en el ámbito filantrópico para ayudar a la humanidad.

La información pública respecto a los globalistas y su agenda de control sobre la población fue cuidadosamente silenciada en los Estados Unidos una vez expuestos los programas nazis después de la Segunda Guerra Mundial. La palabra “eugenesia” se convirtió en una palabra muy inquietante, y todo el esfuerzo de las élites en promocionarla como ciencia legítima se vio arruinado. Sin embargo, no iban a renunciar a su preciosa ideología.

A finales de las décadas de 1960 y 1970 se produjo un resurgimiento de la retórica del control de la población procedente de los círculos globalistas. Bajo la supervisión de la ONU y de ciertos grupos científicos relacionados, se formó el Club de Roma. Una parte prominente de la agenda del Club de Roma se preocupaba por la reducción de la población. En 1972, el grupo de “científicos”, bajo la dirección de la ONU, publicó un documento titulado “Los límites del crecimiento”, que propugnaba una reducción masiva de la población humana en nombre de la “salvación del medio ambiente”. Este esfuerzo estaba directamente ligado a otra agenda: la institución de un gobierno global que pudiera manejar e imponer sus controles de la población a gran escala.

Las élites habían encontrado un nuevo frente científico en respuesta a su obsesión eugenenésica: la Ciencia climática. A principios de la década de 1990, el Club de Roma publicó un libro titulado “La Primera Revolución Global” donde afirman lo siguiente:

“En la búsqueda de un enemigo común en contra del que podamos unirnos, se nos ocurrió la idea de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, la hambruna y otros problemas similares, aportarían la solución. En su totalidad y en sus interacciones, estos fenómenos constituyen una amenaza común que reclama la participación de todos. Pero al designar estos peligros como el enemigo, caemos en una trampa, tal y como ya advertimos a los lectores, concretamente la de confundir los síntomas con las causas. Todos estos peligros son causados por la intervención humana en los procesos naturales, y sólo se pueden superar a través de un cambio de actitudes y de comportamientos. De ahí que el verdadero enemigo sea la misma humanidad.”

La declaración figura en el Capítulo 5 – El Vacío, que engloba su postura sobre la necesidad de un gobierno global. La cita es relativamente clara; se trata de conjurar un enemigo común para engañar a la humanidad y procurar que se una bajo una sola bandera; las élites consideran que la catástrofe medioambiental, causada por la propia humanidad, es el mejor de los incentivos. También esboza la razón perfecta para el control de la población: la humanidad es el enemigo, por lo tanto, la humanidad como especie debe de ser mantenida bajo estricta supervisión y su proliferación restringida.

El Club de Roma y la agenda de la ONU siempre han estado íntimamente relacionados. En los años 90, al mismo tiempo que se publicaba “La Primera Revolución Global”, el Secretario General Adjunto de la ONU, Robert Muller, publicaba su manifiesto, ahora disponible en el sitio web “Good Morning World” (Buenos días, mundo). Muller argumenta que la gobernanza global tiene que lograrse recurriendo a la idea de “protección de la Tierra” y el ambientalismo como componentes clave. A través del miedo al apocalipsis ambiental, el público podría ser convencido de aceptar al gobierno global como un estado nodrizo necesario para prevenir la autodestrucción de la sociedad.

En un artículo titulado “Gobierno Terrestre Competente”: Una estructura y cómo crearlo, Robert Muller describe cómo manejar el tema del cambio climático para convencer a las masas de la necesidad de un gobierno global. La introducción de una nueva “religión global” y los controles de población fueron parte integral de su plan.

No es de extrañar que la ONU haya establecido el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y que este grupo y sus filiales se encuentren ahora a la vanguardia del argumento a favor de la merma de la población. A medida que nos acercamos a la fecha de expiración de la Agenda 2030 de la ONU, la cual exige un cambio radical en la producción alimentada por petróleo y otras fuentes de energía a gran escala que habría que sustituir por “energías renovables” a pequeña escala, sólo quedan 10 años para que los globalistas alcancen sus objetivos si esperan cumplir con el plazo anunciado. Esto suscitaría un cambio violento en la sociedad y en la mayoría de las naciones industrializadas.

La población tendría que diezmarse drásticamente para sobrevivir a la escasa producción de energías renovables. Un desastre de proporciones épicas tendría que ocurrir pronto para que los globalistas pudieran dedicar la próxima década a aprovecharse del miedo resultante para convencer a los sobrevivientes de la urgencia de apelar a un gobierno global. Sin una crisis agresiva y un cambio, la mayoría de la gente nunca estaría de acuerdo con la agenda de la ONU por un simple deseo de autoconservación. Incluso muchos izquierdistas, una vez expuestos a la verdadera naturaleza de los controles de carbono y la reducción de la población, tendrían sus dudas al verse afectados.

La clave para entender a los que aplauden el control de la población o la reducción de la población es que estas personas siempre asumen que ELLAS serán las sobrevivientes y herederas de la Tierra después de la eliminación selectiva. Nunca asumen que ellas también correrán la misma suerte.

En 2019, el programa de población se está acelerando y el público está siendo cuidadosamente condicionado para aceptar la idea de la realidad de un cambio climático provocado por el hombre y que la población es la fuente del problema. Recientemente, un grupo de científicos parcialmente financiados por un tal “Worthy Garden Club” reclamó 11.000 firmas en una declaración sobre la necesidad de reducir la población para salvar a la Tierra del calentamiento global.

La declaración repite la misma propaganda climática del IPCC y la ONU, cuyo engaño es obvio desde hace tiempo, donde explica los motivos por los que la tierra se encuentra al borde de la aniquilación. El hecho es que los expertos en climatología han sido sorprendidos en repetidas ocasiones con las manos en la masa manipulando sus propios datos para demostrar un resultado conveniente sobre el calentamiento global. Hasta han sido descubiertos tratando de ajustar sus propios datos de hace 20 años con el fin de conseguir una mayor coincidencia con los datos manipulados que publican hoy en día.

El Worthy Garden Club es un grupo extrañamente estéril y no parece existir ninguna lista de sus patrocinadores y financieros. Sin embargo, los principales medios de comunicación se apresuraron en publicar la declaración de los “11.000 científicos” para vincularla a las declaraciones del IPCC de la ONU.

El control de la población también se ha planteado de forma sistemática como un problema a resolver durante la carrera de las elecciones presidenciales de 2020. Bernie Sanders abogó por medidas de control de la natalidad en los países pobres. Elizabeth Warren promovió el aborto alegando que era tan seguro como “extirparse las amígdalas”. También promovió insistentemente la agenda de control de la ONU sobre el carbono y, curiosamente, figuraba como miembro del Centro de Investigación de la Población de la Universidad de Texas en la década de 1980. Y los políticos del Nuevo Acuerdo Verde apoyan las declaraciones del Worthy Garden Club sobre la reducción de la población.

Esta es la primera vez que he visto el argumento a favor de la reducción de la población utilizarse de manera tan descarada y generalizada en los principales medios de comunicación, lo que me sugiere una tendencia en pleno desarrollo. Durante años he advertido a mis lectores que sabrán cuándo los globalistas estén a punto de desconectar el sistema actual por la manera directa que empezarán a ventilar públicamente sus actos criminales. Si reconocen su agenda abiertamente significa que un reinicio global se está acercando, sin importar quien lo sepa o no. Lo contundente del plan para la merma de la población mundial salta a la vista.

Extrañamente, poco se ha informado sobre la situación de la población mundial en declive, particularmente en Occidente. Lejos de explotar la tierra más allá de sus recursos, la gente apenas engendra los hijos necesarios que garanticen la estabilización de la población actual. Parece que la agenda globalista ya está en marcha. Gracias a la trama de la desintegración económica, la población se está reduciendo paulatinamente. Sin embargo, este lento declive puede no ser suficiente para satisfacer a los globalistas.

¿A cuántas personas quisieran los globalistas exterminar para satisfacer sus aspiraciones utópicas? Bueno, el globalista Ted Turner en un arranque de honestidad declaró durante su confrontación con We Are Change que la población tendría que pasar de 7.000 millones a 2.000 millones de personas.

El tema principal que nos ocupa, más allá del espectáculo de horror moral de la eugenesia, es ¿quiénes son los afectados? Y sobre todo, ¿quién toma esta decisión? ¿Quién decide si puedes tener hijos o no? ¿Quién decide si te permiten el acceso a los recursos para producir y ganarte la vida? ¿Quién decide si la economía global sostendrá a la población o no? ¿Quién aprieta el gatillo detrás de este sacrificio de la población?

Como la historia nos lo ha demostrado, siempre son las élites las que aterrizan en el lugar donde decidir el destino de millones o miles de millones de personas. Desde los programas de esterilización de la Fundación Rockefeller en los Estados Unidos a principios del siglo XX hasta la ONU actual, los globalistas, un verdadero culto a la muerte, están desesperados por conjurar una racionalización que explique el motivo por el que ellos son los que deberían de tener plena autoridad para decidir sobre la vida y la muerte de sus congéneres, aunque se basen en mentiras como el cambio climático provocado por el hombre. Ellos no creen en la amenaza del cambio climático, ellos fueron los que la fabricaron. Entonces, ¿cuál es la razón principal detrás de todo esto?

Una población reducida que dependa completamente de fuentes de energía limitadas podría ser más fácil de dominar. Pero tengo otra teoría: son psicópatas en busca de una forma socialmente justificable que les permita matar al mayor número posible de personas. ¿Por qué? Porque lo disfrutan.

Escrito por Brandon Smith via Alt-Market.com

Traducido por el equipo de SOTT.net en español

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